Vicente Trucillo no creció con el campo en la sangre. Hijo de escribano, su vínculo con la agricultura fue una elección, y una apuesta que lo llevó a recorrer un camino de más de cuatro décadas entre Uruguay y Argentina. Ese camino culminó con un descubrimiento que marca un antes y un después en el mejoramiento genético del sorgo: la identificación de tolerancia a herbicidas imidazolinonas en esa especie.
Sus primeros pasos en la investigación los dio en INIA Estanzuela, donde integró un equipo dedicado al sorgo que él recuerda con orgullo y afecto. "Trabajábamos casi sin horarios", cuenta. "Nos íbamos a jugar al fútbol, ducha, cena, y volvíamos a las oficinas hasta las dos o tres de la mañana. Con muy poco presupuesto se hizo mucho", comentó. Esa etapa formativa, aunque difícil, fue la que le dio el rigor y la pasión que guiarían el resto de su carrera.
Su proyección no tardó en trascender fronteras. Una empresa de semillas lo invitó a visitar Venado Tuerto, en Santa Fe, junto a otros mejoradores de distintos cultivos, y lo que empezó como una visita terminó en una oferta de trabajo. Así cruzó el Río de la Plata con su familia para sumarse a AsGrow, compañía norteamericana, como breeder de sorgo. Con los años, la empresa fue absorbida por Nidera, y en 1996 Trucillo se trasladó a Pergamino para liderar el programa de sorgo de Cargill, que en 1998 pasó a manos de Monsanto.
En 2003, Monsanto cerró su programa de sorgo y Trucillo migró hacia el área de marketing de maíz bajo la marca Dekalb. Fue una etapa intensa. En 2006, amaneció en un hotel de Río Cuarto sin saber exactamente dónde estaba ni qué hacía allí, lo cual lo llevó a tomar una decisión: renunciar. "El ritmo de vida no era el que yo estaba preparado para sostener", reconoce. Mantuvo una buena relación con Monsanto y continuó manejando ensayos regulados bajo estricta confidencialidad, pero su vínculo más profundo con el sorgo guardaba una última sorpresa.
Esa oportunidad llegó con Advanta, empresa que lo convocó para retomar un histórico programa argentino de mejoramiento de sorgo. "Me tocó el corazón", dice. Los últimos diez años activos de su carrera los dedicó íntegramente a ese trabajo, y fue allí donde logró su aporte más significativo: el descubrimiento de tolerancia a herbicidas imidazolinonas en sorgo, una característica con alto potencial para el manejo de malezas en el cultivo y que abrió nuevas perspectivas para el sector. La tecnología de tolerancia imidazolinonas hoy está siendo aprovechada por agricultores en todo el mundo, destacándose en sitios como Australia, Estados Unidos, India o Europa, además de Argentina, Uruguay y Brasil. Si bien desde 2018 Trucillo "colgó las botas", sigue trabajando en mejoramiento genético de sorgo como consultor en empresas de Brasil y Argentina.
