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Trump 2.0: ¿por dónde está la oportunidad frente a su proteccionismo?

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Trump 2.0: ¿por dónde está la oportunidad frente a su proteccionismo?

Trump 2.0: ¿por dónde está la oportunidad frente a su proteccionismo?

Por Gabriel Carballal

Estamos en estos días mirando con asombro como líderes de diversas potencias hacen un esfuerzo sobrehumano para destruir acuerdos que costaron mucho ser construidos (y que en algunos casos fueron firmados por ellos mismos). Asistimos a una especie de "deja vu" con el presidente Donald Trump repartiendo aranceles por doquier, emulando su anterior estadía por la Casa Blanca. Bien dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra... Ya supimos vivir esta coyuntura y los productores de cada rincón del globo sufrieron las consecuencias de tan errático comportamiento. Absolutamente todos los frutos de nuestro trabajo perdieron una parte sustancial de su valor a razón de la natural caída e incluso cese de mercados resultado de estas políticas. Para colmo, esa caída de valor de los productos no se ve reflejada en el bolsillo del consumidor. No. Solo alimenta a Estados obesos que no tienen idea de cómo administrar dinero. Lo paradójico de esta situación es que venga de un político cuyo teórico objetivo es disminuir el tamaño del Estado. Siempre fui admirador de los Estados Unidos en lo que hace al emprendedurismo, el empoderamiento de los individuos, la libertad de elegir, la capacidad de crear, innovar y desarrollar en una incubadora de valores y procesos difícil de duplicar. El “derecho a ser feliz” como lo establece su constitución. Sin embargo, soy un convencido que la felicidad de todos los habitantes del globo vale exactamente lo mismo. Cuando en momentos en que la diplomacia esta totalmente devaluada y aparecen figuras de inmenso poder (resaltando esta habilidad de forma compulsiva) es que el mundo se vuelve menos plano, más inseguro, ineficiente, irascible y todos, absolutamente todos, perdemos libertad.

Estamos asistiendo a un "film” que ya vimos. Pero se agregan capítulos nuevos a cada instante. Hay cosas risibles como fue la forma en que presentan la idea de transformar a la franja de Gaza en un paraíso 5 estrellas, otras preocupantes como es la ambición de anexar más Estados a los 50 ya existentes, ninguneando de alguna forma las voluntades de los millones de habitantes de los países implicados, y otras de tremendo mal gusto como lo fue la conferencia de prensa improvisada en la Casa Blanca con el presidente ucraniano Zelenski llevándose un "tate quieto" nunca antes visto entre dos aliados. Como dije, pienso que la diplomacia esta totalmente devaluada hoy (¿que pensarían Churchill, De Gaulle o Roosevelt si estuvieran con nosotros?).

Yendo al tema que nos afecta y preocupa, el escenario en que nos vamos a mover durante un tiempo va a ser, seguramente, el de la incertidumbre. Los mercados reaccionan cerrándose en banda cuando cambian las reglas de juego tan intempestivamente. Ni que hablar si estas reglas las dicta una figura controvertida y rechazada. El mundo va a estar muy celoso y a la defensiva hasta que las aguas se calmen. Y eso tiene una sola consecuencia: pierden todos. Lo que tenemos que aprovechar es la experiencia ganada durante los años 2018 y 2019 de la anterior administración Trump. Como mencioné, esto ya lo vivimos aunque con un Trump mucho más mesurado y sin esas ansias conquistadoras, carencia de diplomacia y códigos de vecindad. Y en esas épocas, con las certidumbres minadas, todo producto perdió parte de su valor. Hoy sucede lo mismo, exacerbado por una muy grande oferta de casi todos los bienes con la excepción de la carne dentro de Estados Unidos (¿oportunidad?). No en vano, los farmers norteamericanos, grandes artífices del triunfo de esta administración en las elecciones de 2024, son hoy quienes levantan su voz más alto ante esta cruzada arancelaria global.

En los granos la situación es muy difícil. Venimos de cosechas excelentes que han logrado recomponer los stocks, estamos transcurriendo una cosecha récord en Latinoamérica, y vamos a una siembra norteamericana con objetivos productivos que se superan año a año. Todo esto con una demanda alicaída debido una economía más fría tras la pandemia y la suba de las tasas de interés, muy cauta también como cada vez que se cambian bruscamente las reglas de juego. Entendiendo las diferencias entre las distintas producciones (ganadería versus agricultura) es que a mi entender hay que enfocarse en cómo capear este temporal de la mejor manera posible.

Uruguay tiene una ventaja enorme que es el producir incluyendo muchas alternativas dentro de un mismo ciclo. No estamos atados a solamente uno o dos productos como sucede en muchos productores de muchos países. La combinación de distintos cultivos (invierno y verano con muchas opciones dentro estos) con la ganadería en un sistema que permite producir y generar durante todo el año gracias a un clima lejos de los extremos, trae una resiliencia y un manejo del riesgo que otros sistemas no tienen. En el caso de la agricultura, a diferencia de lo que se podría suponer que bajar costos es mandatorio en esta situación, lo que considero fundamental es hacer un reordenamiento de dichos costos vía un manejo de información integrado e inteligente. La agricultura de precisión es una herramienta que nos permite controlar costos produciendo más. Y si logramos obtener mas kilos con el mismo gasto, estamos bajando el costo de la forma mas productiva posible: en dólares por kilogramos generado.

Por último y fundamental, no podemos hipotecar nuestra forma de hacer agricultura. Ser sustentables, ser regenerativos, cuidar el suelo, las fuentes de agua, el medio ambiente, restaurar, preservar y mejorar la biodiversidad, mitigar mediante la captura y fijación de CO2, los efectos del cambio climático y, por último, pero no menos importante, enfocarnos en el incremento de la productividad para generar productores y comunidades fuertes, saludables y económicamente viables.  Todo esto depende de mantener y mejorar como producimos hoy, con la siembra directa como pilar fundamental, mejorando rotaciones, incluyendo cultivos de servicio, generando paisajes ecosistémicos que cuiden y nutran un sistema integrado de producción inteligente y sustentable. Todo esto, cuando baje la espuma, va a ser valorado y va a generar un retorno económico seguramente, pero sobre todo una satisfacción enorme y la certeza de poder trabajar con números positivos y perdurando en el tiempo.

Seguramente y como siempre sucede, de este importante desafío surja una gran oportunidad.