Las precipitaciones registradas el pasado fin de semana cambiaron el panorama productivo en el sur y centro-sur del país, luego de varias semanas marcadas por un fuerte déficit hídrico según contó el ingeniero agrónomo Federico Britos, de la empresa Britos Hermanos, en diálogo con Valor Agregado.
Britos explicó que la soja fue la gran beneficiada por las lluvias, ya que llegó en momento límite, cuando comenzaban a aparecer riesgos de daños. Si bien señaló que en algunas chacras puntuales podría ser necesaria una resiembra, aclaró que en términos generales el cultivo no vio comprometido su potencial de rendimiento.
Distinta es la situación del maíz de primera, que fue el cultivo más afectado por la falta de agua. Según detalló, el período crítico del cultivo coincidió con tres semanas sin lluvias, entre mediados de diciembre y los primeros días de enero. “Esta agua llegó tarde para el maíz de primera”, afirmó, y agregó que ahora el objetivo es evaluar si logra granar lo suficiente como para cubrir al menos una parte de los costos.
En cuanto a la soja, el escenario productivo ofrece algo más de margen, aunque el contexto económico genera preocupación. Con valores de referencia en torno a los US$ 365 por tonelada, Britos advirtió que los precios actuales de los commodities se ubican por debajo de los costos promedio de producción. “Son precios demasiado bajos para sostenerse durante varios años”, señaló, y agregó que solo con rendimientos muy altos permiten atravesar estas zafras con resultados aceptables.
Consultado sobre el punto de equilibrio, estimó que, dependiendo de la estructura de costos de cada productor, serían necesarios rendimientos no menores a 2.500 o 2.600 kilos por hectárea para lograr un resultado cercano al equilibrio o levemente positivo, un nivel que no siempre es fácil de alcanzar en años de pocas lluvias.
Respecto a la estrategia productiva, Britos sostuvo que la empresa mantiene una fuerte diversificación, con una combinación de agricultura, ganadería y el cultivo de papa, donde la ganadería aporta entre el 25% y el 30% de los ingresos. En ese sentido, subrayó que no es conveniente tomar decisiones estructurales por uno o dos años de malos precios y destacó la diversificación como una herramienta clave para reducir riesgos en un país tomador de precios. “No diversificar es demasiado riesgoso”, sostuvo.
