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Siembra compleja por exceso de lluvias, precios bajos y problemas operativos complicaron la campaña de invierno

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Siembra compleja por exceso de lluvias, precios bajos y problemas operativos complicaron la campaña de invierno

Siembra compleja por exceso de lluvias, precios bajos y problemas operativos complicaron la campaña de invierno

La campaña de invierno cerró con pérdidas económicas, dificultades operativas y una cosecha fuera de lo normal, luego de un arranque condicionado por exceso de agua que afectó la siembra y derivó en implantaciones tardías y desparejas. En ese contexto, Edgardo Rostan, productor y presidente de CUSA, repasó en diálogo con Valor Agrícola una zafra marcada por problemas de calidad, precios ajustados y márgenes negativos para parte del sector.

Según explicó, las lluvias intensas durante la cosecha de soja y el inicio de la siembra provocaron malas implantaciones y obligaron a resiembras en colza, carinata y parte de la cebada, mientras que el trigo logró escapar parcialmente a esa situación. “Se estima que apenas entre un 20% y 25% del área se sembró en fecha óptima; el resto quedó fuera de época”, señaló. Aunque un octubre frío y seco permitió mejorar el llenado de grano, los cultivos llegaron a cosecha con baja densidad de plantas y escasa espiga.

En términos de rendimiento, Rostan indicó promedios de 1.700 kg/ha en colza y carinata, 3.900 kg/ha en cebada y entre 4.300 y 4.500 kg/ha en trigo, aunque con problemas de calidad. En cebada, la flexibilización de los requisitos por parte de las malterías permitió que alrededor del 60% del grano fuera aceptado para malteo; el resto, al igual que buena parte del trigo, terminó destinado a forraje por bajo calibre, proteína y peso hectolítrico. “La fertilización nitrogenada no funcionó como esperábamos y no hubo margen económico para aplicar más”, afirmó.

Con precios en torno a US$ 180 para la cebada forrajera y valores muy ajustados para el trigo, Rostan estimó pérdidas de entre US$ 80 y US$ 100 por hectárea. “El que tiene campo propio puede amortiguar; el que alquila, pierde”, resumió. En ese escenario, la ganadería volvió a cumplir un rol de contención, utilizando los cultivos como forraje para “tapar agujeros”, una estrategia que ya se había repetido durante la sequía.

El panorama de verano tampoco ofrece certezas. Si bien se implantó mucha área de maíz —de primera y de segunda— y soja, la falta de lluvias y las altas temperaturas comenzaron a pasar factura. En la zona de Ombúes de Lavalle, Rostan indicó que ya se están ensilando maíces en flor, con plantas que presentan hojas secas y pérdidas de potencial día a día. “Eran maíces espectaculares, pero se están muriendo y pasan a reserva”, explicó. Las sojas, en tanto, muestran comportamientos desparejos según fecha y condición de siembra, con parte del área implantada directamente en seco.

Desde el punto de vista operativo, según Rostan la cosecha de invierno fue compleja. “Los cultivos presentaron una maduración muy despareja, obligando a entrar y salir de los lotes por exceso de verde, hasta que en pocos días se secó todo de golpe”, sostuvo. Esto generó cuellos de botella logísticos, alta demanda de maquinaria, camiones saturados y un fuerte uso de embolsado, especialmente para granos de menor calidad. “Nunca vimos algo así”, agregó.

La situación también golpeó de lleno al sector de contratistas. Según explicó: “En el norte del país, las lluvias frecuentes interrumpieron siembras y cosechas, mientras que en el sur la trilla fue rápida y concentrada, incluso con equipos que bajaron desde otras regiones”. Esa sobreoferta de maquinaria derivó en una competencia intensa y muy pocas hectáreas por equipo: “Una cosechadora hizo 350 o 400 hectáreas; con esa escala es imposible sostener la estructura”, advirtió Rostan, al detallar los altos costos de inversión en maquinaria, personal y logística.

A este escenario se suma la falta de mano de obra capacitada, un problema que —según el contratista— no se resuelve solo con salarios, sino con actitud y compromiso. “Es cada vez más difícil sostener equipos de trabajo estables”, señaló. En paralelo, alertó sobre la pérdida de contratistas formales, desplazados por operadores informales que compiten con precios muy bajos, muchas veces sin seguros ni respaldo laboral. “El negocio se ha ido deteriorando y cada vez se pone más difícil”, concluyó, con la expectativa puesta en que la soja permita, al menos, recuperar parte de lo perdido.