En diálogo con Valor agrícola, Juan Algorta, presidente de la Asociación de Empresas Contratistas Forestales del Uruguay (ASECFUR), compartir su análisis sobre el panorama del sector en 2024. En un año que definió como "normal y tranquilo", Algorta destacó la estabilidad laboral para los contratistas, sin grandes picos ni caídas. Este comportamiento contrasta con años previos, donde las exportaciones de pino y eucaliptus en rolos marcaron récords de trabajo. Por otra parte, Algorta hizo hincapié en los desafíos en cuanto a los recursos humanos, como es trabajar con personal joven y las diferencias generacionales que existen. También explicó cómo funciona ASECFUR y la capacidad de trabajo que tiene la asociación.
“El año ha sido bastante constante, sobre todo en lo que respecta a la silvicultura y plantación, aunque la sequía del verano pasado afectó la productividad. Ahora, con las lluvias de primavera, especialmente en el litoral y norte, la situación ha mejorado. En términos generales, ha sido un año aceptable en cuanto a demanda", comenta Algorta.
El rol de ASECFUR y su capacidad de trabajo
ASECFUR, con 23 años de trayectoria, cuenta actualmente con 35 socios activos. En cuanto a números del sector se manejan cifras significativas: los socios tienen la capacidad de plantar entre 20.000 y 25.000 hectáreas al año, cosechar 10 millones de metros cúbicos, cargar otros 10 millones y producir hasta 16 millones de plantines en los viveros que colaboran con el sector. Además, más de 4.000 personas están empleadas directamente por los 35 socios de la asociación.
La asociación organiza tres reuniones anuales, donde los contratistas discuten diversos temas, desde la operativa diaria hasta asuntos que involucran a entes autónomos o al Estado. Algorta enfatiza la importancia de estas instancias para buscar soluciones que permitan un trabajo más ágil y eficiente.
El crecimiento sostenido de la forestación ha sido clave para el desarrollo de los contratistas, quienes realizan más del 90% de las operaciones en los montes. Las empresas dependen de los contratistas para ejecutar diversas tareas: desde la silvicultura y plantación hasta la cosecha y carga. Algorta subraya que este crecimiento también ha impulsado la modernización del sector, especialmente en términos de maquinaria e infraestructura.
"El desarrollo ha sido continuo, aunque si lo comparamos con el boom agrícola, el forestal ha crecido de manera más lenta, pero constante", sostiene. En sus inicios la actividad forestal se enfocaba en la cosecha para exportación. Sin embargo, la instalación de plantas industriales en el país como la de Fray Bentos, transformó la dinámica. "Esa gimnasia de plantar, cosechar, generar plantines y transportar, ya estaba desarrollada cuando se instalaron las primeras plantas. Desde entonces, hemos visto un aumento sostenido en el número de contratistas y en la tecnología que empleamos", indicó Algorta.
Este crecimiento, aunque más prolongado en el tiempo, ha consolidado un mercado forestal maduro, con una visión a largo plazo. "Las plantas una vez que arrancan, no se detienen por 40 años", afirmó. Según Algorta, este factor brinda estabilidad tanto para los contratistas como para la industria forestal en general.
Los desafíos para las nuevas y viejas generaciones
Algorta puso énfasis en los desafíos relacionados con los recursos humanos y la capacitación. "Uno de los principales retos en el mediano plazo es adaptarnos al recambio generacional. Las nuevas generaciones tienen prioridades y valores diferentes. Hoy es más difícil encontrar jóvenes dispuestos a trabajar en el campo, a pesar de toda la tecnología e infraestructura que disponemos. El trabajo del contratista es rural, a menudo en áreas alejadas de los centros poblados, lo que requiere un compromiso que no siempre está alineado con los intereses de los jóvenes actualmente”, explica.
Algorta señaló que los contratistas suelen moverse de un monte a otro, algo que puede no resultar atractivo para las nuevas generaciones. "Por ejemplo, si alguien es de Paysandú, podría tener que trasladarse a trabajar en Palmitas y luego a Durazno. Esto es parte del desafío: adaptarse al trabajo en zonas rurales", añade.
Además de la dificultad para atraer talento joven, Algorta resaltó que el sector requiere un alto nivel de capacitación. “Desde los trabajos manuales hasta los mecanizados más tecnológicos, todo en nuestro rubro exige preparación. Incluso el mantenimiento de equipos como tractores o la infraestructura en general se realiza mayormente en el campo. Y capacitar a la gente es aún más difícil cuando cuesta encontrar personas interesadas en este tipo de trabajo”, exclamó. Este desafío se ve acentuado por el hecho de que algunos jóvenes, tras un breve período de trabajo, deciden dejarlo para viajar o dedicarse a otras actividades, como el deporte, priorizando estilos de vida más flexibles. "Nos toca a nosotros como contratistas adaptarnos a estas nuevas realidades", cerró Algorta.
