La chicharrita ocasionó importantes perjuicios la zafra pasada dentro del cultivo de maíz. Por este motivo, INIA en conjunto con el MGAP, la Facultad de Agronomía, empresas y cooperativas de productores, establecieron una red de monitoreo enfocados en dar información de valor para el control de esta amenaza.
Para eso se pusieron 150 trampas amarillas en todo el país, que permiten hacer un seguimiento de la población que aparece. Nicolás Baraibar, técnico del INIA, dijo en Valor Agregado Norte que "no tenemos una población tan grande como la que había el año pasado, si bien del 15 de diciembre en adelante apareció algo en Artigas y Salto". Siendo que es un vector que transmite enfermedades, hay que realizar monitoreos de cultivos de forma recurrente y aplicar los métodos de control necesarios, especialmente en esta zona.
"En las últimas semanas aparecieron algunas trampas con presencia en Soriano", expresó Baraibar, quien agregó que en Entre Ríos y Corrientes, en Argentina, también hubo algunas capturas, pero no vieron a la chicharrita a nivel de chacra. "En el norte argentino hace tiempo que conviven con esta plaga: mucha de la información que han relevado y las tecnologías que usan es parte de lo que adaptamos para Uruguay", agregó.
Sobre el contexto, Baraibar manifestó que veníamos de "inviernos calurosos que llevaron a una explosión de esta plaga, pero ahora contamos con mucha más información, así como la venta de híbridos tolerantes a esta enfermedades".
El año pasado, uno de los principales problemas es que cuando se detectó la presencia de chicharrita, ya existían poblaciones altísimas. "No es porque los productores fueran malos en lo que hicieron cuando notaron la presencia, sino que los momentos de control no eran los adecuados", afirmó el especialista.
Actualmente, la selección de híbridos tolerantes, el uso de curasemillas y el control de maíces "guachos" en invierno son claves para evitar que la chicharrita sobreviva. Esto se debe acompañar con un manejo integrado que permita enfrentarnos a poblaciones bajas.
"El año pasado tuvimos pérdidas en cultivos de segunda tardíos de hasta un 70%. Hay que diferenciar el daño en sí mismo de la chicharrita, de la enfermedad que transmite que es el achaparramiento del maíz", cerró Baraibar.
