A casi 100 días del conflicto en Medio Oriente las economías mundiales siguen siendo afectadas directamente por los vaivenes del precio del petróleo, que llegó a cotizar más de 115 dólares el barril con el cierre del estrecho de Ormuz, lugar por donde navega el 20% del petróleo.
"Irán cerró el estrecho y eso sorprendió a todo el mundo, porque nadie hasta ahora había dicho: acá yo la cierro y la abro cuando quiero", dijo Luis Romero Álvarez, director de la consultora Profesionales, en el programa Valor Agregado. Esto llevó a que gran parte del mundo se tenga que abastecer por rutas más largas y costosas. "La inflación global se disparó y llevó a los bancos centrales a no bajar tasas como deberían, frenando la economía mundial", agregó.
Ese contexto empujó al dólar hacia arriba en Uruguay, que llegó a ubicarse por encima de los 40 pesos. Sin embargo, Romero Álvarez separó ese efecto del problema estructural local. "El dólar barato en Uruguay es una decisión del Banco Central, hay que decirlo fuerte y claro", afirmó, y agregó que cuando el dólar llegó a 37 pesos se anunciaban cierres de empresas y despidos semanalmente, lo que obligó al BCU a dar marcha atrás y bajar la tasa de interés rápidamente.
Romero Álvarez explicó que el mecanismo para sostener el dólar bajo tiene un costo concreto. El BCU, detalló, vende letras de tesorería en pesos a tasas altas para atraer ahorristas que venden dólares, lo que aumenta la oferta de divisas y deprime el tipo de cambio. "Los intereses de ese mecanismo suman US$ 850 millones por año. Todos los años tiramos a la basura 850 millones", sostuvo.
Para Romero Álvarez el problema de fondo no es monetario sino fiscal. "Uruguay tiene una enfermedad y es exceso de gasto público", dijo. El exceso de gasto es la "infección" y la inflación es la "fiebre", mientras la política monetaria actúa como un analgésico que baja la fiebre sin curar la infección. Un dólar deprimido, concluyó, resta competitividad, desincentiva inversiones y frena la creación de empleo.
