El mung es un cultivo similar a la soja, pero de ciclo más corto. El cultivo despertó el interés de los agricultores y científicos de la Universidad de Iowa, quienes lo están probando en su campo experimental supervisado por estudiantes y docentes. Este grano, distinguido por un mejor sabor que el poroto de soja, se utiliza en una amplia variedad de productos, incluyendo cosméticos, snacks, dulces, materiales de packaging, y bebidas energéticas o deportivas.
A pesar de tener costos de producción similares a la soja y un manejo agrícola comparable, el mung presenta un rendimiento menor debido al tamaño más pequeño de su poroto. En Iowa, el rendimiento explorado es de aproximadamente 1.200 kilos por hectárea, pero en Australia, un país que ha adoptado este cultivo debido a la alta demanda en Asia y su cercanía con este continente, se han logrado picos de hasta 3.500 kilos por hectárea.
El desarrollo del mung en la Universidad de Iowa comenzó en 2017 con la selección de 3.200 variedades, pero hoy en día hay 327 seleccionadas que se encuentran en el campo experimental. Además, para acelerar el avance se están realizando cultivos en Puerto Rico a contraestación, permitiendo así más ciclos de investigación por año.
Este grano no solo se explora para el consumo humano, sino que también se investiga su potencial como sustituto de la proteína del huevo y como alimento para animales, lo que amplía sus aplicaciones.
Paralelamente, la Universidad de Iowa está trabajando en otro proyecto destinado a optimizar el uso de nitrógeno en el cultivo de maíz. Este estudio busca encontrar la cantidad exacta de nitrógeno necesaria para maximizar el rendimiento, sin causar daños ambientales.
El uso excesivo de nitrógeno no solo es costoso, sino que también puede tener consecuencias negativas para el medio ambiente, ya que el nitrógeno que no es absorbido por las plantas se pierde en el suelo y el agua, generando contaminación. Por otro lado, el uso insuficiente de nitrógeno impide que el maíz alcance su máximo potencial de rendimiento.
Este proyecto lleva dos años en desarrollo, evalúa diferentes variables como genética, fechas de siembra, manejos agronómicos y tipos de suelo, para desarrollar modelos precisos que determinen la dosis óptima de nitrógeno. El objetivo es crear un protocolo que en un plazo de 5 a 10 años ofrezca información valiosa y gratuita para agricultores en todo el mundo.
Los investigadores de Iowa han identificado tres factores clave que influyen en el rendimiento del maíz: el clima, el nitrógeno y la genética. Es preciso recordar que aquí prácticamente no se utiliza riego en cultivos de maíz, aprovechando al máximo las raíces que pueden alcanzar hasta 1.2 metros de profundidad, accediendo a la napa freática y asegurando así un suministro constante de agua.
Con estos esfuerzos, Iowa se posiciona a la vanguardia de la investigación agrícola, buscando no solo mejorar los rendimientos de los cultivos, sino también hacerlo de manera sostenible y respetuosa con el medio ambiente. Los resultados de estas investigaciones podrían tener un impacto significativo en la agricultura global en los próximos años, ofreciendo nuevas oportunidades y soluciones para los desafíos actuales del sector. Una vez concluido el proyecto, esta información estará disponible de forma gratuita en los papers de la Universidad.
