La sequía volvió a golpear a los cultivos de verano y recortó de forma significativa el potencial productivo de la soja y el maíz en el centro-sur del país, con rendimientos que en muchos casos quedarán lejos de los niveles esperados y con resultados económicos negativos.
En el departamento de Flores, el productor Tomás Molina estimó que la soja se ubicará entre 1.500 y 1.800 kilos por hectárea en la mayoría de los casos, con situaciones puntuales que podrían acercarse a los 2.000 kilos si las condiciones acompañan en las próximas semanas. “Es un año malo, sin ninguna duda, de los peores que nos ha tocado vivir, aunque no tan extremo como 2023”, señaló en dialogo con Hablemos de Agro por Oriental Agropecuaria.
El impacto de la falta de lluvias es claro: en la zona se registraron poco más de 100 milímetros en lo que va del año, con precipitaciones además muy dispares. Tras un buen inicio de campaña, “los cultivos perdieron potencial desde mediados de enero, con una merma estimada entre 40% y 50%”, explicó Molina
Con ese escenario productivo, los números del negocio agrícola vuelven a deteriorarse. Molina sostuvo que, incluso con precios que llegaron momentáneamente a los US$ 400 por tonelada, los márgenes no logran sostenerse. En soja de segunda, las pérdidas rondan los US$ 50 por hectárea, mientras que en soja de primera el resultado es mucho más negativo, con caídas de entre US$ 250 y US$ 300 por hectárea. “Es una cuenta negativa por donde se la mire”, afirmó.
En el caso del maíz, el escenario es distinto en materia de precios, pero igualmente complejo en lo productivo. La sequía llevó a que una parte importante del maíz de primera se destinara a picado, mientras que también hay lotes de segunda que también se picaran, expresó Molina. Esa menor oferta impulsó los valores, con referencias en torno a US$ 210 por tonelada a levantar. Sin embargo, los bajos rendimientos hacen que, en el mejor de los casos, el resultado sea de equilibrio.
El panorama hacia adelante también genera incertidumbre. De cara a la campaña de invierno, los costos elevados y la relación insumo-producto desfavorable complican la planificación.“El invierno hoy es una cuenta negativa por donde se la mire”, advirtió Molina, quien igualmente prevé mantener el área habitual, a la espera de una mejora en precios o una corrección en los costos de insumos.
