Por Federico Zorrilla
La cosecha de soja en Uruguay ingresa en su etapa final de una zafra muy desafiante, aunque el avance de la trilla sigue siendo limitado por la elevada humedad, que dificulta finalizar las labores en las chacras. A diferencia de la cosecha de 2025, cuando Uruguay enfrentó importantes problemas logísticos en distintos frentes, este año la operativa ha fluido con mayor normalidad. Esto se debe tanto a la programación de barcos, que permite desocupar las plantas de acopio, y obviamente, al menor volumen de soja, que libera camiones y evita congestionamientos en las plantas receptoras.
Con respecto a los precios, en general los productores concretaron ventas antes de la cosecha, a diferencia de lo ocurrido en la zafra anterior. Esta situación contribuye a mejorar la disponibilidad de transporte marítimo, favoreciendo la fluidez de la cadena logística y comercial en su conjunto. La primera ventana relevante para la fijación de precios se presentó a comienzos de febrero, cuando el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, realizó declaraciones sobre un posible incremento de las compras chinas de productos agrícolas estadounidenses.
Posteriormente, un nuevo impulso en los mercados se produjo aproximadamente un mes después, en un contexto de tensión geopolítica en Medio Oriente, tras acciones militares de Estados Unidos e Israel vinculadas a objetivos iraníes, lo que generó incertidumbre y volatilidad en diversos mercados de materias primas.
Hay que destacar la importancia de la toma de decisiones comerciales por parte del productor. En términos generales, los productores supieron identificar las oportunidades que ofreció el mercado y concretar ventas en momentos oportunos, alcanzando mejores precios promedio y reduciendo su exposición a la volatilidad.
Actualmente, los mercados agrícolas continúan bajo presión y mantienen la tendencia bajista observada en las últimas jornadas. Entre los principales factores que explican este comportamiento se encuentran la fuerte liquidación de posiciones por parte de los fondos especulativos, la mejora de los pronósticos climáticos en regiones productoras clave y la caída del precio del petróleo, favorecida por una normalización parcial del tránsito en el Estrecho de Ormuz.
En este contexto, las expectativas para los próximos meses se encuentran vinculadas a la evolución del clima en las principales zonas productoras y a la situación geopolítica en Medio Oriente. Un deterioro de las condiciones climáticas o una escalada del conflicto podrían generar nuevos episodios de volatilidad y eventuales oportunidades de recuperación en los precios de los granos.
