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"Mientras el fracaso de hoy no sea el último, entonces no es un fracaso"

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"Mientras el fracaso de hoy no sea el último, entonces no es un fracaso"

Columna de opinión de Gabriel Carballal. Esta cosecha 2024 que parece no terminar nunca más, atrás de una sequia 2023 que causó estragos en la producción agropecuaria uruguaya, y en medio de una siembra de cultivos de invierno que ya arrancó complicada, nos vuelven a probar y demostrar la resiliencia y resistencia del productor uruguayo y el sistema que lo rodea.

Enfrentamos a diario desafíos como los suelos claramente marginales para una producción de élite, un clima harto complicado con promesas de lluvias abundantes en su promedio pero que gusta de andar en los extremos (Uruguay: país seco donde llueve mucho), un tamaño que tantas veces se vuelve un ancla pesada de levantar, abrazados por tres socios gigantes (en tamaño y en lo productivo) con los que rara vez nos entendemos cabalmente, entre otros.

¿Ventajas? Las hay y bien importantes. El libre mercado como primera y fundamental, la creciente facilidad para acceder a nuevos clientes, el “promedio” de lluvias que nos permite ejecutar el doble cultivo con buenos resultados, la integración con otros países en programas tecnológicos de acceso a genética de primera, respaldados por la ciencia, que nos permiten ser productores sustentables, responsables y prácticos. Hay tantas cosas a favor como en contra, pero aún en situaciones criticas vemos un sistema productivo peleando las adversidades siempre con la mente puesta en un mañana mejor.

Tengo la responsabilidad y el orgullo de organizar viajes al país donde todos quisiéramos producir, como lo son los Estados Unidos de América, y de las cosas que más se resaltan al evaluar dichos tours, además de lo que vemos y aprendemos, es la capacidad de poder ver, mirar y analizar la producción uruguaya desde una perspectiva diferente. Pararse a 9.000 km de distancia, en un país con los  mejores suelos del mundo, con un clima mediterráneo súper predecible (hace 12 años ya que tuvieron su último percance climático masivo en el Corn Belt), con el mercado más libre (y salvaje) del planeta y con certezas casi infinitas de la mano de un sistema judicial infalible, un programa de subsidios (bases) que premia las capacidades de esos increíbles suelos y un entramado de seguros (subsidiados también) que quitan casi toda imprevisibilidad a la producción de lo que sea, y mirar hacia lo que hacemos en Uruguay cada año, genera un análisis muy rico. Hacerlo a tanta distancia de los problemas del diario vivir, como costos, valor de la moneda, tamaño del estado y más, da una visión más limpia de la enorme capacidad de nuestros productores y el sistema que les rodea.

Cuando compartimos nuestra forma de trabajar con productores del norte siempre les asombran las mismas cosas: que estamos trabajando todo el año y que hacemos todo eso sin un seguro funcional, coherente y estable (al subsidio ni lo nombran). No les entra en la cabeza que alguien arriesgue una inversión gigante solamente abrazado a la esperanza que llueva y deje de llover en los momentos adecuados. Más contrastante aún es la perspectiva del productor europeo que ni siquiera concibe una producción agropecuaria sin un importante subsidio detrás.

¿Queremos eso? Rotundamente no. Tenemos un sistema desafiante, cansador y estresante, pero libre. Producimos de forma sustentable con el énfasis exacto entre ambiente, sociedad y rentabilidad.

Somos responsables de alimentar a 10 veces la población de nuestro país y tenemos la capacidad potencial de hacerlo para 50 millones de personas. Eso habla a las claras del respeto para con nosotros, la región y el mundo entero.

Producimos asimismo capturando carbono de la atmósfera, cuidando y mejorando el capital más valioso que tenemos como lo es nuestro suelo mediante la práctica de un sistema virtuoso como la siembra directa, rotando entre cultivos y pasturas, manejando información y enriqueciendo el sistema en su conjunto. Tenemos en nuestros potreros áreas que naturalmente no se pueden sembrar conformando así corredores biológicos de reserva de especies vegetales y animales. En muchos países, sobre todo aquellos con suelos mas ricos, a esto lo tienen que hacer de forma casi obligada y artificial. Aquí es un regalo que nos hace la topografía uruguaya. Todo esto habla del respeto al ambiente al trabajar CON la naturaleza y no a base de ella.

Y por último y no menos importante: producimos contra un retorno esperado variable e inestable, pero fundamental para generar riqueza y para que las nuevas generaciones sigan eligiendo el campo como un lugar donde hay futuro, del que se pueda disfrutar y vivir. Este es un tema candente en países de avanzada, donde se ha menospreciado el trabajo rural de tal manera que muchos de los jóvenes de hoy siquiera conciban hacer de la producción su medio de vida en el futuro.

Tenemos entonces que entender las bondades de lo que hacemos, cómo lo hacemos y sobre todo, dónde lo hacemos. Afrontar los desafíos y problemas, que siempre hubieron, hay y habrán, disfrutar las virtudes y beneficios y no perder jamás esa capacidad de recuperación y esa fortaleza natural que genera la posibilidad de caerse y levantarse después.

Como decía Steven Wright: si quieres ver el arcoíris, tienes que aguantarte el chaparrón.