Por Juan Ángel De La Fuente
El sector agrícola uruguayo parece operar bajo una extraña paradoja comunicacional. Cuando la adversidad climática golpea o los mercados internacionales tuercen el rumbo, somos expertos en la autopsia del fracaso. Las columnas de prensa se llenan de análisis pormenorizados sobre pérdidas, las voces radiales adoptan un dejo de preocupación y los titulares anuncian, con predecible alarma, un panorama sombrío. Nos volvemos, casi por instinto, cronistas exhaustivos de la desventura.
Pero, ¿qué ocurre cuando los astros se alinean? ¿Qué ocurre cuando el productor, con maestría y disciplina, cumple su tarea agrícola en tiempo y forma, cuando el clima es cómplice de la producción de alimentos y cuando la ecuación económica, como en esta última zafra de verano de 2024/2025, cierra de forma virtuosa? La narrativa pública se vuelve esquiva. ¿Será que nos cuesta más comunicar una victoria que un revés en el agro? ¿Un exceso de modestia? ¿O el temor atávico a que la derrota esté a solo seis meses de distancia, acechando en la próxima siembra?
La verdad es que no lo sé. Lo que sí afirmo, con la convicción de quien observa el campo con ojos de siglo XXI, es que el complejo agrícola uruguayo es uno de los mejores del mundo. Su resiliencia no es una mera retórica, es una capacidad probada que le permite soportar años buenos y malos sin mayores sobresaltos estructurales. No es que los fracasos no duelan, sino que la solución, el próximo "partido", nunca está demasiado lejos.
Esta capacidad de recuperación rápida no es magia. Es el resultado de un ecosistema de negocios sólido, una red de vínculos fuertes que opera con la precisión de un engranaje bien aceitado. Vendedores de insumos, productores, acopiadores, transportistas, comerciantes de granos, molinos, industrias, exportadores, aseguradoras, bancos, prestadores de servicios, profesionales, medios de prensa, puertos, organismos públicos y privados, investigación y la academia: todos trabajan de manera coordinada y colaborativa, convirtiendo a esta cadena en un orgullo de la producción nacional. La confianza es el pilar fundamental de la cadena agrícola, y es precisamente esta confianza la que mantiene sólido el sistema. Hay un profundo entendimiento de los roles, una gestión tecnológica de vanguardia que hace la producción más predecible y sofisticada y un capital humano compuesto por empresarios y profesionales de punta. Esta compleja red de interacciones, a la que Deleuze y Guattari podrían llamar un agenciamiento colectivo, articula fuerzas económicas, subjetivas y políticas que impulsan el sector.
Cada día, los productores reciben un crédito invaluable que les permite seguir produciendo, y esto merece un reconocimiento público. ¡GRACIAS! A todos aquellos que, día tras día, brindan su crédito financiero y humano, permitiendo que los productores mantengan viva la llama de la esperanza productiva.
Ciertamente, lo que no podemos controlar es lo que puede salir mal: el clima, los precios volátiles, los cambios regulatorios o los caprichos arbitrarios de quienes mueven los hilos del tablero global. Pero, asombrosamente, incluso ante esos episodios, los factores positivos que menciono actúan como anticuerpos sectoriales, revirtiendo la situación en cuestión de meses. Es esta dinámica la que ha transformado al agro uruguayo en un sector sano, confiable, profesional, tecnológico y plural. Un sector al cual ningún ciudadano de este país es ajeno, pues de alguna manera, todos contribuimos a la formación de este singular modelo empresarial agrícola.
Quizás, ante la pregunta periodística: "¿cómo fue la zafra de verano de 2025?", mi respuesta debería ser simple. Podría haber contestado: "Fue una buena zafra productivamente hablando, con buenos rindes, pero (ese 'pero' que siempre invalida lo positivo dicho anteriormente) los precios no fueron los esperados, y los márgenes... etc.". Ese mito del que los productores: "siempre se quejan" no es la imagen que buscamos. Si, como señalaba Jean Baudrillard, en la sociedad contemporánea a menudo sustituimos lo real por signos de lo real, debemos ser cuidadosos con los signos que emitimos. La narrativa de la queja, puede convertirse en una hiperrealidad que eclipse el valor genuino de nuestros logros.
Como integrante de este gran equipo, creo firmemente que cuando se convierte un "gol agrícola", la alegría debe socializarse con el resto de los uruguayos. Es la efervescencia colectiva de la victoria, concepto durkheimiano que describe la vitalidad social que surge de los ritos y celebraciones, la que debemos compartir. El campo no solo produce alimentos; también es un motor de identidad y orgullo nacional.
Y con respecto a la zafra de verano 2024/2025: ¡GOL AGRÍCOLA DE URUGUAY! Hay que comunicarlo como se merece. Sé que habrán años en zona de repechaje, con la calculadora en la mano, como nos ha sucedido otras veces. Pero como ha demostrado la historia reciente, en poco tiempo volvemos a estar primeros en la tabla, como se merece este equipo agrícola uruguayo. Este, y no la queja, es el relato nacional que debemos construir y celebrar.
