La sequía que afecta a gran parte del país, y sobretodo el litoral agrícola, podría provocar pérdidas superiores a los US$ 1.000 millones en la agricultura uruguaya, según estimó Carlos Foderé, director de Fadisol. El cálculo surge principalmente de la fuerte caída prevista en la producción de soja y maíz, además de mermas en cultivos como sorgo y girasol. Según el empresario, la exportación de soja podría reducirse a la mitad comparado con el año pasado, mientras que en maíz los rendimientos también caerían de forma significativa. A esto se suma un contexto complejo para el sector agrícola con costos elevados y atraso cambiario, factores que profundizan el impacto económico de la sequía.
“Con los precios actuales se necesitan unos 3.000 kilos de soja por hectárea para cubrir los costos, y el promedio nacional puede terminar entre 1.500 y 1.600 kilos”, explicó Foderé. “Estamos en el corazón agrícola del país y es donde la sequía está pegando más fuerte. El daño ya está hecho, porque los cultivos pasaron todas las etapas críticas sin agua”, agregó el productor en el programa Hablemos de Agro de Oriental Agropecuaria.
El empresario cuestionó además que Soriano y Colonia no hayan sido incluidos en la emergencia agropecuaria, pese a ser una de las zonas más afectadas por el déficit hídrico. “Lo que duele es la falta de apoyo y de cercanía. No se habla del tema a nivel nacional”, afirmó. Según Foderé, más allá de que las pérdidas productivas ya ocurrieron, el sector necesita herramientas financieras que permitan atravesar la situación, como plazos de pago más largos o mecanismos de garantías crediticias. “El productor paga sus deudas, pero necesita tiempo y oxígeno financiero para seguir produciendo”, sostuvo.
Foderé sostuvo que la falta de lluvias regulares desde mediados de diciembre generó una situación muy compleja en la principal zona agrícola del país como en Soriano y Colonia, donde se concentra una parte importante del área de soja y maíz. El empresario señaló que las precipitaciones del verano fueron escasas y erráticas, con registros muy dispares entre chacras cercanas. “Llueve 15 milímetros en una chacra y a tres kilómetros nada. Así venimos todo el verano”, indicó.
Según el análisis del empresario, la producción de soja podría caer a la mitad de la obtenida el año pasado. “Las sojas de primera pasaron todo el período de floración en seco. Florecían y abortaban. Están desarrolladas, pero hay que ver si terminan formando chaucha”, explicó. La situación también es crítica en la soja de segunda, donde los cultivos presentan baja población y escaso desarrollo. “Las sojas de segunda están ralas, con apenas el 20% de la población que deberían tener. Desde afuera parecen raras, pero cuando entrás al cultivo es un desastre”, sostuvo.
En el caso del maíz, Foderé señaló que los maíces de primera rindieron cerca de la mitad de lo esperado, mientras que muchos maíces de segunda directamente se perdieron o se están utilizando como forraje. “Hay más de 100.000 hectáreas de maíz de segunda prácticamente perdidas o con rendimientos absurdos”, afirmó.
Foderé también recordó que el sector agrícola ya venía golpeado por los resultados de la zafra de invierno, donde varios productores tuvieron problemas de calidad en trigo y cebada y debieron refinanciar deudas.
