El pasado 21 de mayo se llevó a cabo en Florida la charla titulada “La otra cara de los bioestimulantes: ¿qué sabemos realmente?”. El evento, organizado por el Centro Agronómico Regional de Florida, propuso una revisión crítica del uso de bioestimulantes agrícolas desde la experiencia técnica, dejando de lado el enfoque comercial.
El disertante fue el ingeniero agrónomo Gustavo García Pintos, quien repasó más de 20 años de trabajo en validación, registro e industrialización de bioestimulantes, en particular a partir del desarrollo de PromoBacter, el primer producto registrado de su tipo en Uruguay. “Nos propusimos no competir entre productos, sino desarrollar una técnica”, afirmó.
García Pintos relató sus inicios en 2003, cuando comenzó a experimentar con un producto argentino en plena poscrisis económica. Junto a su equipo, construyó una base de datos con más de 24.000 registros provenientes de más de 500 chacras de soja y 200 de arroz.
Los datos respaldan aumentos de rendimiento promedio del 14% en soja y del 12% en cebada, aunque se enfatizó la variabilidad de los resultados según el ambiente, el año y el componente del rendimiento afectado. “No siempre mover una planta implica rendir más. Y no siempre rendir más es ganar”, advirtió.
Buena parte de la charla estuvo dedicada a explicar los mecanismos fisiológicos y moleculares de los bioestimulantes. Se abordaron conceptos como plasticidad fenotípica, hormesis (respuesta positiva a bajos niveles de estrés), y movimiento de expresiones génicas, destacando cómo estos productos pueden modificar el comportamiento de una planta en apenas 24 horas, sin agregar nutrientes.
“Un bioestimulante no es un fertilizante ni un fitosanitario, pero puede mejorar la adaptación de un cultivo al ambiente si se entiende su modo de acción”, explicó el ingeniero, apoyado en ensayos de laboratorio realizados en Argentina, Brasil y Uruguay.
Durante la charla se destacó también el creciente interés de la comunidad científica en estos productos. Se mencionaron congresos internacionales y publicaciones en revistas de alto impacto, incluyendo un artículo sobre arroz aceptado recientemente por Agronomy Journal.
Además, se comentó el cambio normativo en Estados Unidos, donde los bioestimulantes ya no deben registrarse como fitosanitarios, sino que pueden clasificarse como fertilizantes, lo que abre nuevas puertas para su desarrollo regulado.
La presentación cerró con una crítica constructiva a técnicos, empresas y al Estado: “Si no están todos los actores involucrados en el desarrollo de una técnica, la técnica no se desarrolla”. García Pintos subrayó que los bioestimulantes deben ser comprendidos como herramientas que requieren validación científica, y no como soluciones mágicas que compitan entre sí.
